14 jun. 2018

La transformación digital debe tener todo de transformación y un poco de digital

Todas las empresas que han puesto sus esfuerzos en una nueva cultura de colaboración centrada en las personas y en maximizar la relación entre ellas son las empresas del futuro.

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La transformación digital debe tener más de transformación y menos de digital, pero no todos lo entendemos así. En la actualidad, podemos ver que empresas tradicionales han dejado paso en diferentes sectores a nuevos entrantes. Estos nuevos entrantes son, en la mayor parte de los casos, analizados bajo el espejismo de la tecnología que emplean cuando, en realidad, el cambio fundamental que subyace es el relativo a la cultura organizacional y formación de ecosistemas colaborativos (Alibaba, Tencent, Amazon, etc.).

Las empresas tradicionales que han focalizado sus esfuerzos solo en la tecnología en vez de en la transformación cultural (mentalidad, nuevos modelos de negocio y formas de trabajar) no han logrado llevar a cabo su adecuación (o transformación) a la nueva realidad del mercado con éxito.

¿SIGUES LA REGLA 20/80?

Todas aquellas empresas que han puesto sus esfuerzos en una nueva cultura de colaboración centrada en las personas y en maximizar la relación entre ellas son las nuevas empresas del futuro. En este ámbito, las empresas que se han transformado digitalmente siguen la regla 20/80, 20% digital y 80% transformación cultural (Ericsson, Barclays, ING, etc.).

Este tipo de transformación requiere una revisión holística de las organizaciones y formas de trabajar en las que la gestión de cambio forma parte del día a día de la empresa y no de un hecho aislado. La tecnología es solo la que facilita la nueva forma de trabajar y no un fin en sí mismo.

HISTORIA Y TAMAÑO NO SERÁN SINÓNIMOS DE ÉXITO

Este cambio no solo afecta a las organizaciones, sino también a la sociedad en general y a los países. Podemos ver cómo países en vías de desarrollo tienen una ventaja competitiva respecto a los países desarrollados en el nuevo marco digital, ya que estos últimos tienen como ingrediente fundamental el legado de su éxito pasado.

A modo de ejemplo, África está liderando dicha transformación mediante el desarrollo de inteligencia artificial aplicada a sus necesidades y no replicando el modelo de otros países desarrollados (desarrollo descentralizado de inteligencia artificial, formación en competencias técnicas a la población de forma extensiva en vez de exclusiva, etc.).

Es en este escenario donde el punto de partida se hace más relevante, ya que en estos países el legado empresarial y tecnológico es menor, por lo que el esfuerzo en la implementación de la nueva realidad digital (y formación de ecosistemas colaborativos) puede resultar más sencillo de implementar. Dicha realidad puede ser asimilable a la velocidad con que se da el cambio en empresas de reciente creación frente a empresas establecidas en el mercado durante décadas.

¿VIVES AL SERVICIO DE LA TECNOLOGÍA?

Parece más sencillo desarrollar algo desde cero que cambiar nuestros hábitos. Cuando se traslada este cambio al individuo, vemos que nos volvemos consumidores de tecnología en la que es esta, y no nuestras verdaderas necesidades, la que marca las nuevas pautas de comportamiento y, en muchas ocasiones, nuestra nueva forma de vida.

En la transformación digital individual, dejamos que la tecnología, de manera inconsciente, cambie la manera en que trabajamos y vivimos. ¿Cuántas veces mandamos un mensaje para decir algo cuando preferimos vernos? En este caso, aunque tratamos de que la transformación sea fundamentalmente cultural, cuando nos la aplicamos a nosotros mismos, lo hacemos al revés. Primero ponemos la tecnología y luego vemos cómo transformamos nuestra vida.

Debemos tener en cuenta cómo la ignición de la tecnología puede llegar a quemarnos si no somos conscientes ni consideramos los retos y necesidades que, como individuos y sociedades, debemos atender. Aunque la tecnología cambia deprisa, los seres humanos cambiamos despacio (si alguna vez llegamos a cambiar).

Fuente: Madri+d