07 abr. 2020

Editorial - Coronavirus, empresas y sociedad

Las empresas con más antigüedad en sus espaldas recordarán las diferentes crisis que se han ido sucediendo a lo largo de los años y que han sido fruto de diferentes causas.

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También, por supuesto, cómo consiguieron sobreponerse a esos momentos difíciles mediante determinadas estrategias que les permitieron continuar con sus negocios y, en ocasiones, salir incluso reforzados.

Pero la situación actual es muy distinta a cualquiera de las vividas hasta ahora. Inédita, diría yo. Los efectos que las medidas tomadas por el gobierno estatal van a tener sobre la actividad empresarial no sólo van a ser de un gran calado sino que, además, han llegado sin que absolutamente nadie se lo esperara. Estamos hablando de una crisis que “ha caído” de golpe incluso a empresas que estaban en plena fase expansiva y de crecimiento.


Por tanto, decisiones que en su día se tomaron para solventar otras crisis quizá no sean ahora válidas por varios motivos que hemos de tener en cuenta. Se trata de una crisis que nos ha venido “impuesta” artificialmente por un confinamiento forzado. No es realmente una crisis que se derive de decisiones de los mercados. Si el cierre de las empresas no se alarga excesivamente en el tiempo, no debiera tener un gran efecto negativo en el poder adquisitivo de los consumidores. Por otra parte,  es una crisis que va a pasar por todos los países del mundo pero de una manera diferida (ya hay países que la han pasado y están volviendo a la normalidad mientras a otros prácticamente no ha llegado). Y, finalmente, la banca no va a estar ni mejor ni peor en cuestiones de posibilidades de financiación que hace un mes (algo muy diferente de lo que ocurrió en 2008). Todos estos aspectos generan una casuística especial que caracteriza estos momentos y que tenemos que tener en cuenta a la hora de encontrar soluciones.

A mi juicio, desde los gobiernos se debería obligar a la banca a que las posibilidades de acceso al crédito para las empresas tras este período de alarma sean las mismas que hace unas pocas semanas. Esto es algo absolutamente vital para dotar de liquidez inmediata a las empresas, que la van a necesitar.

Por supuesto, también desde los gobiernos se deberían articular ayudas directas a las empresas para, sino eliminar, al menos diferir en varios ejercicios impuestos, tasas y reducir el tipo del impuesto de sociedades para que éstas puedan reinvertir. 

Las empresas tendrán que redundar esfuerzos en mantener sus mercados internacionales pues no en todos los lugares el efecto del COVID-19 va a ser el mismo y habrá que estar atentos a aquellos sitios  donde haya más capacidad de negocio. Y, a nivel nacional, probablemente el sector que más vaya a sufrir sea el turístico “de playa” pues vamos a tener dificultades tanto normativas como psicológicas para permanecer en lugares muy concurridos y esto es lo que suele ocurrir durante el verano en prácticamente la totalidad de las playas españolas. De esta forma, las personas que conserven sus empleos van a tener más dinero para gastar en otros aspectos y habrá que ser capaz de incentivarlas a comprar hábitat.

En este aspecto también habrá que tener en cuenta que, muy probablemente, los hoteles y restaurantes van a tener que adaptarse a esta nueva “modalidad relacional” que va a desprenderse después de este virus. Las personas vamos a huir de aquellos lugares masificados y valoraremos más aquellos en los que las distancia entre personas que no se conozcan sean mayores. Para eso será fundamental contar con soluciones de mobiliario que den respuesta a estas necesidades.

Y en lo personal, este confinamiento a buen seguro nos va a hacer plantearnos las relaciones entre las personas de forma distinta al menos durante algún tiempo. La reacción inmediata cuando esto acabe será salir a la calle casi “en tromba” pero, seguramente, ni siquiera nos saludaremos de la misma forma que antes. Psicológicamente y a nivel de comportamiento, por tanto, tendremos que adaptarnos a esta nueva situación y las empresas tendrán que adelantarse a poner soluciones novedosas en el mercado con este nuevo contexto.

Así pues, ahora más que nunca, vamos a tener que utilizar nuestra capacidad innovadora para reinventarnos y, en tiempo record, poner en el mercado productos y soluciones que se adapten a la nueva realidad. Y, ahora, esto no nos puede pillar despistados. Otra vez, no.
 

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